
Domingo y yo, habíamos acordado quedar a las cinco y cuarto para partir hacía Extremadura, yo estaba muy ilusionado con este día, ya que en época de exámenes, supondría para mí no sólo una jornada de caza, sino mucho más. Me acosté tarde, en torno a las 2 de la madrugada, y a las 4 me tenía que levantar, el despertador no sonó y debido a ello, baje un cuarto de hora tarde y atacado porque nunca me había pasado esto.
Por el camino íbamos hablando sobre la nueva incorporación, una hembra de pointer con 2 años que han adquiridos los hermanos para criar con Danko, el pointer veterano que tuvo el ataque epiléptico, no esperábamos que el primer día la perra hiciese una faena, ya que pasaba de Málaga a Extremadura, pero a la parte más lluviosa de Extremadura.
Cuando llegamos, saludamos a los hermanos y al compañero Lupas, fuimos a por los perros, Luna, la hembra de pointer, era preciosa, muy parecida a Danko, aunque estaba algo flaca (por lo que me han dicho ya ha cogido peso). Ese día sólo iban a ir perros de muestra, los dos pointer de los hermanos, una bretona y un drahthaar, ambos de Lupas, para ver lo que hacía la perra y porque ese día sólo se iba a cazar pluma.
Al llegar, tuvimos un rato de charla entre la cuadrilla y otro amigo de allí, con el que quedamos siempre para tomar el taco. Después de la charla comenzamos a cazar.
Al rato de empezar, sale una perdiz que no se pudo abatir y se fue tan tranquila. La perra, se movía muy bien, aunque a decir verdad, estaba “mareada” por el monte espeso de Madrigal, la perra no sabia como pasar de una línea a otra, y aparte, estaba descubriendo un montón de olores nuevos, piezas que no había cazado nunca, un terreno más frío y húmedo, y encima, con amos nuevos.
A los diez minutos de esto, la perra da con el rastro de un faisán, pero este, en vez de apeonar, salió a la carrera veinte metros por delante de la perra, y por más que esta corría no conseguía alcanzarle, hasta que se aproximo un poco más y el faisán hecho a volar, tras dos disparos, fue abatido.
Según iba pasando el tiempo, todos los perros se iban poniendo a tono, en especial, Luna, que ya le sonaban un poco más los olores de todo y estaba aprendiendo a cruzar de una línea a otra. Pudimos disfrutar de varias muestras a patrón. La primera fue espectacular, la bretona de Lupas hizo una muestra y los dos pointer que pasaban por el lado se quedaron clavados. La segunda, fue menos eléctrica, pero más duradera, estuvimos dos minutos parados a muestra de los perros, esta vez fue el pointer de los hermanos el que se quedó clavado.
Como siempre, destacó el pointer de los hermanos, con unas muestras preciosas, piezas que detectaba con el radar a 20 metros y hacia una muestra, andaba dos metros y otra, en definitiva, una preciosidad y lo dice un muchacho 100% podenquero, que el latir de un perro le vale más que una muestra, pero las cosas como son, lo que es bonito, es bonito. Aquí os pongo unas fotos, de una de las muestras que realizo, en la cual, me dio tiempo a echarle tres fotos y grabar un vídeo de un minuto y medio.


Después de todo este desfile, a comer el taco, charlas entre amigos y a descansar, que por la tarde teníamos pensado ir a ver un partido de fútbol, el del equipo sénior del Madrigal, en el que juegan Tomy y José.
Cuando ya estaba preparado y arreglado para ir a ver el partido, me dice el cuñado de Domingo que si me voy a tirar al zorzal, ya sabéis cual fue mi respuesta.
Al llegar al puesto, el cielo estaba nublado y amenazaba lluvia, eran en torno a las 4 de la tarde. Nos pusimos detrás de un pino, que sería la “pantalla natural”. Empezaron a pasar zorzales, había un buen paso, pero pasaban por las nubes.
El primero que paso a la altura, Fran, el cuñado de Domingo, lo abatió de un certero disparo y yo fui a cobrarlo. Al rato de estar allí, me la dejo a mí, y fuimos alternando todo el rato.
Yo pude tirar a 11 o 12, y abatí 2, el primero fue un tiro a tenazón y el segundo cayó tras dos tiros, el primero vi que le di y cayeron plumas y el otro disparo, lo realicé al ver estas, porque el pájaro ya estaba bastante lejos, pero le di y cayó. Todo hay que decirlo, la mayoría de zorzales que me pasaban bien, no me daba tiempo a tirarlos, porque o bien, salía antes de tiempo y me veían, o cuando debía de salir, ya no me daba tiempo a apuntar, pero ya iremos cogiendo práctica… ¡O eso espero!
Como curiosidad, todos los zorzales que cobramos, fueron alirrojos.
A las 6 decidimos que la jornada de caza, había terminado.
Uno de los mejores días de caza para mí, sino el mejor. Un día muy completo, en el que aprendí que la caza en puesto también es entretenida, y que quizá el día de mañana me sirva de complemento para una jornada de caza, pero que donde este la caza en mano…