NUESTRO PASO POR LA TIERRA…

10 enero 2010

Os pongo aquí un texto que me ha mandado mi buen amigo Xuso, que como sabéis, ha escrito algunos artículos para el blog. La verdad es que me encanto  y aquí la tenéis, nos hace pensar sobre nuestro paso por la Tierra, y todo lo que arrasamos en nuestra vida…

Por cierto, no sé el nombre, he puesto este, porque creo que es sobre lo que nos puede hacer reflexionar, pero si alguien lo sabe y me lo dice, se lo agradeceré 😉

Un día en la inmensa selva, donde vivían los animales tranquilos y apacibles, se produjo un gran incendio. Todos éstos, al ver la gran masa de fuego, comenzaron a huir despavoridos. De repente, el león, dándose cuenta de su deber como rey, paró en seco su carrera y se propuso a buscar a ver si había quedado algún animal rezagado o atrapado por el fuego.

Pasado un buen rato, el león no había visto ningún animal, y cuando iba a darse media vuelta y huir el también del fuego, se percató de que un pequeño colibrí cogía agua de un charco y la echaba como bien podía al fuego.El león, extrañado ante la actitud kamikaze del colibrí, le pregunto a éste si pensaba que así iba a apagar el fuego. El pájaro, sin parar su actividad, le contestó que no. El león, extrañado aun más con la respuesta del ave, se quedó vacilando unos segundos, hasta que por fin le preguntó de nuevo porqué hacía eso, a lo que el diminuto pajarllo le contesto: “Yo cumplo mi parte”.

Con esta historia, nosotros quizás seamos como el pequeño colibrí, que nada podamos hacer realmente contra el cambio climático o la suciedad que generan otros en los entornos naturales , pero yo por lo menos, cumplo mi parte…

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FINN Y LA CIERVA

7 julio 2009

Leyenda: Finn y la ciervaA la vuelta de un día de cacería entre Finn, sus compañeros y los perros de caza en el monte de Allen, una cierva se cruzó por su camino y toda la cuadrilla comenzó a correr tras ella.

Los miembros de ésta, se fueron quedando rezagados hasta que solo corrían detrás de la cierva, Finn y sus dos perros, Bran y Skolawn (estos perros eran hijos de la tía de Finn, Tyren, que había sido transformada en perra por un encantamiento)

La cierva, cuando iba a llegar a un valle, se paró y los perros de Finn fueron hacía ella y se pusieron a jugar todos juntos. Al ver esto, Finn ordenó que nadie le hiciera daño y la cierva les siguió en su camino de vuelta.

En un momento de esa noche, Finn interrumpió su descanso, y al despertarse deslumbró al lado de su cama a la mujer más hermosa que él jamás había visto.

Ella empezó a hablar y le dijo:

-Soy Saba, la cierva a la que perseguías hoy en la cacería. He sido cierva durante tres años a causa de no haber querido dar mi amor al druida de la tierra de las hadas, ya que éste me castigó. Uno de sus esclavos me confesó que podría volver a mi forma original si llegaba a la morada de Allen. Tenía miedo por ser lastimada, así, que sólo me deje alcanzar por ti o por tus perros, los cuales, no me harían nada ya que tienen la naturaleza de un hombre.

Finn se caso con ella y tan profundo fue el amor, que durante meses solo se preocupo de pasar cada día al lado de su esposa.

Un día a Finn le llego la noticia de que barcos de guerra del Norte estaban en la bahía de Dublín, así que llamó a todos sus hombres, y le dijo a Saba:

Los hombres de Erín nos dan tributo y hospitalidad para que los defendamos y sería una vergüenza aceptar los pagos sin dar nuestra parte de lo que se pide.

Finn partió con sus hombres durante siete días, hasta que los invasores se alejaron. Cuando llego Finn vio que la gente estaba triste y preocupada y era porque Saba no estaba en la muralla esperando su regreso.

Finn preguntó que qué había pasado y le contaron que un día apareció un hombre que era exactamente igual que Finn son sus dos perros y Saba al verle salió corriendo a recibirlo, pero el éste (el impostor) sacó una varita de avellano y la convirtió de nuevo en una cierva. Al convertirla, los perros la persiguieron haciéndola huir.

Finn buscó a Saba durante siete años, por  cañadas, bosques… Iba acompañado de sus perros, pero llego un día en el que perdió la esperanza.

Un día mientras Finn cazaba escuchó que los perros ladraban; él y sus hombres corrieron hacia ellos y vieron a un niño desnudo con el pelo muy largo y rubio, los perros de Finn impedían que los demás canes se acercasen al niño.

El muchacho se fue con ellos y cuando aprendió a hablar, contó que no había tenido ni padre ni madre y que había sido cuidado por una cierva. También contó, que cada cierto tiempo aparecía un hombre que vertía ternura o amenazas sobre la cierva, pero que ésta siempre huía de él. Un día este hombre, toco a la cierva con una varita de avellano y la obligó a seguirle. El niño intentó seguirles, pero no pudo mover su cuerpo y de la rabia, perdió el sentido. Cuando despertó, estaba en la ladera de Ben Bulban y buscó el valle verde hasta que le encontraron.

Finn acabó dándose cuenta que era su hijo y le bautizo con el nombre de Oisin (pequeño ciervo), quién fue conocido como guerrero y gran compositor de canciones y fábulas.

Este texto pertenece a una leyenda celta.


11 RAZONES POR LAS QUE SOY CAZADOR (JUAN CARLOS SAMBLAS)

23 mayo 2009

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  1. -Porque desde que tengo uso de razón lo soy. Bueno quizás en el vientre de mi madre ya era cazador. Igual que mi padre y los padres de mi padre, y los padres de los padres de mi padre y así sucesivamente hasta llegar al homínido prehistórico.
  2. -Porque lógicamente me encuentro feliz, cuando practico la actividad cinegética.
  3. -Porque por muchos inconvenientes adversos que se presenten impidiéndome el no poder practicarla, siempre la llevo con migo.
  4. -Porque cuando se acerca el día me provoca una sensación que solo el que es cazador lo entiende.
  5. -Porque cuando reflexiono del porque soy cazador y me cuestiono el dejarlo, no lo consigo.
  6. -Porque cuando me levanto a las cinco de la mañana, no me da ninguna pereza.
  7. -Porque cuando me duele algo que no me deja descansar a gusto, me estimula y me ayuda a combatir mis males, por el mero hecho de ir a cazar.
  8. -Porque tengo un hijo que para nada es cazador y jamás me ha cuestionado porque cazo y, por supuesto, no es por miedo.
  9. -Porque mi mujer no es cazadora y como todos sabréis, hay verdaderos conflictos en este tema, no por ser cazador, sino por las horas que pasamos realizando dicha actividad.
  10. -Porque por supuesto y teniendo claro de dónde vengo y cuáles son mis orígenes, no puedo sin más que ser cazador.
  11. -Porque tengo un perro que tiene 11 años que me lo regalo un amigo, cuando  no llegaba al mes y cuando muera, estaré satisfecho de haberle dado una vida llena de satisfacciones, considerándolo parte de mí, sin ningún propósito, salvo el de entender que es uno mas en mi familia. Y sabiendo que voy a llorar y mucho el día que se valla, puesto que ha calado muy hondo en mis sentimientos y  en los de mi familia. Y quiero decir;  que ese sentimiento sino es mutuo jamás se dará. Por muy defensor de los animales que quieras ser.

Artículo redactado por: Juan Carlos Samblas Castellar


CARTA DEL JEFE INDIO SEATTLE

24 marzo 2009
Gran Jefe Indio Seattle

Gran Jefe Indio Seattle

El siguiente documento es uno de los más preciados por los amantes de la naturaleza.
Es la carta que envió en 1855 el jefe indio Seattle de la tribu Suwamish al presidente de los Estados Unidos -Franklin Pierce- en respuesta a la oferta de compra de las tierras de los Suwamish en el noroeste de los Estados Unidos, lo que ahora es el Estado de Washington. Los indios americanos estaban muy unidos a su tierra no conociendo la propiedad, es más consideraban la tierra dueña de los hombres. En numerosos ámbitos se le considera como “la declaración más hermosa y profunda que jamás se haya hecho sobre el medio ambiente”.

Así Termina la Vida y Comienza la supervivencia

Carta del Jefe Indio Seattle

El Gran Jefe de Washington manda decir que desea comprar nuestras tierras. El Gran Jefe también nos envía palabras de amistad y buena voluntad. Apreciamos esta gentileza porque sabemos que poca falta le hace, en cambio, nuestra amistad. Vamos a considerar su oferta, pues sabemos que, de no hacerlo, el hombre blanco podrá venir con sus armas de fuego y tomarse nuestras tierras. El Gran Jefe de Washington podrá confiar en lo que dice el Jefe Seattle con la misma certeza con que nuestros hermanos blancos podrán confiar en la vuelta de las estaciones. Mis palabras son inmutables como las estrellas.

¿Cómo podéis comprar o vender el cielo, el calor de la tierra? Esta idea nos parece extraña. No somos dueños de la frescura del aire ni del centelleo del agua. ¿Cómo podríais comprarlos a nosotros? Lo decimos oportunamente. Habéis de saber que cada partícula de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada hoja resplandeciente, cada playa arenosa, cada neblina en el oscuro bosque, cada claro y cada insecto con su zumbido son sagrados en la memoria y la experiencia de mi pueblo. La savia que circula en los árboles porta las memorias del hombre de piel roja.

Los muertos del hombre blanco se olvidan de su tierra natal cuando se van a caminar por entre las estrellas. Nuestros muertos jamás olvidan esta hermosa tierra porque ella es la madre del hombre de piel roja. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las fragantes flores son nuestras hermanas; el venado, el caballo, el águila majestuosa son nuestros hermanos. Las praderas, el calor corporal del potrillo y el hombre, todos pertenecen a la misma familia. “Por eso, cuando el Gran Jefe de Washington manda decir que desea comprar nuestras tierras, es mucho lo que pide. El Gran Jefe manda decir que nos reservará un lugar para que podamos vivir cómodamente entre nosotros. El será nuestro padre y nosotros seremos sus hijos. Por eso consideraremos su oferta de comprar nuestras tierras. Mas, ello no será fácil porque estas tierras son sagradas para nosotros. El agua centelleante que corre por los ríos y esteros no es meramente agua sino la sangre de nuestros antepasados. Si os vendemos estas tierras, tendréis que recordar que ellas son sagradas y deberéis enseñar a vuestros hijos que lo son y que cada reflejo fantasmal en las aguas claras de los lagos habla de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.

Los ríos son nuestros hermanos, ellos calman nuestra sed. Los ríos llevan nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Si os vendemos nuestras tierras, deberéis recordar y enseñar a vuestros hijos que los ríos son nuestros hermanos y hermanos de vosotros; deberéis en adelante dar a los ríos el trato bondadoso que daréis a cualquier hermano.

Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestra manera de ser. Le da lo mismo un pedazo de tierra que el otro porque él es un extraño que llega en la noche a sacar de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermano sino su enemigo. Cuando la ha conquistado la abandona y sigue su camino. Deja detrás de él las sepulturas de sus padres sin que le importe. Despoja de la tierra a sus hijos sin que le importe. Olvida la sepultura de su padre y los derechos de sus hijos. Trata a su madre, la tierra, y a su hermano el cielo, como si fuesen cosas que se pueden comprar, saquear y vender, como si fuesen corderos y cuentas de vidrio. Su insaciable apetito devorará la tierra y dejará tras sí sólo un desierto.

No lo comprendo. Nuestra manera de ser es diferente a la vuestra. La vista de vuestras ciudades hace doler los ojos al hombre de piel roja. Pero quizá sea así porque el hombre de piel roja es un salvaje y no comprende las cosas. No hay ningún lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ningún lugar donde pueda escucharse el desplegarse de las hojas en primavera o el orzar de las alas de un insecto. Pero quizá sea así porque soy un salvaje y no puedo comprender las cosas. El ruido de la ciudad parece insultar los oídos. ¿Y qué clase de vida es cuando el hombre no es capaz de escuchar el solitario grito de la garza o la discusión nocturna de las ranas alrededor de la laguna? Soy un hombre de piel roja y no lo comprendo. Los indios preferimos el suave sonido del viento que acaricia la cala del lago y el olor del mismo viento purificado por la lluvia del mediodía o perfumado por la fragancia de los pinos.

El aire es algo precioso para el hombre de piel roja porque todas las cosas comparten el mismo aliento: el animal, el árbol y el hombre. El hombre blanco parece no sentir el aire que respira. Al igual que un hombre muchos días agonizante, se ha vuelto insensible al hedor. Mas, si os vendemos nuestras tierras, debéis recordar que el aire es precioso para nosotros, que el aire comparte su espíritu con toda la vida que sustenta. Y, si os vendemos nuestras tierras, debéis dejarlas aparte y mantenerlas sagradas como un lugar al cual podrá llegar incluso el hombre blanco a saborear el viento dulcificado por las flores de la pradera.

Consideraremos vuestra oferta de comprar nuestras tierras. Si decidimos aceptarla, pondré una condición: que el hombre blanco deberá tratar a los animales de estas tierras como hermanos. Soy un salvaje y no comprendo otro modo de conducta. He visto miles de búfalos pudriéndose sobre las praderas, abandonados allí por el hombre blanco que les disparó desde un tren en marcha. Soy un salvaje y no comprendo como el humeante caballo de vapor puede ser más importante que el búfalo al que sólo matamos para poder vivir. ¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales hubiesen desaparecido, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu. Porque todo lo que ocurre a los animales pronto habrá de ocurrir también al hombre. Todas las cosas están relacionadas entre sí.

Vosotros debéis enseñar a vuestros hijos que el suelo bajo sus pies es la ceniza de sus abuelos. Para que respeten la tierra, debéis decir a vuestros hijos que la tierra está plena de vida de nuestros antepasados. Debéis enseñar a vuestros hijos lo que nosotros hemos enseñados a los nuestros: que la tierra es nuestra madre. Todo lo que afecta a la tierra afecta a los hijos de la tierra. Cuando los hombres escupen el suelo se escupen a sí mismos.

Esto lo sabemos: la tierra no pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la tierra. El hombre no ha tejido la red de la vida: es sólo una hebra de ella. Todo lo que haga a la red se lo hará a sí mismo. Lo que ocurre a la tierra ocurrirá a los hijos de la tierra. Lo sabemos. Todas las cosas están relacionadas como la sangre que une a una familia.

Aún el hombre blanco, cuyo Dios se pasea con él y conversa con el -de amigo a amigo no puede estar exento del destino común-. Quizá seamos hermanos, después de todo. Lo veremos. Sabemos algo que el hombre blanco descubrirá algún día: que nuestro Dios es su mismo Dios. Ahora pensáis quizá que sois dueño de nuestras tierras; pero no podéis serlo. El es el Dios de la humanidad y Su compasión es igual para el hombre blanco. Esta tierra es preciosa para El y el causarle daño significa mostrar desprecio hacia su Creador. Los hombres blancos también pasarán, tal vez antes que las demás tribus. Si contamináis vuestra cama, moriréis alguna noche sofocados por vuestros propios desperdicios. Pero aún en vuestra hora final os sentiréis iluminados por la idea de que Dios os trajo a estas tierras y os dio el dominio sobre ellas y sobre el hombre de piel roja con algún propósito especial. Tal destino es un misterio para nosotros porque no comprendemos lo que será cuando los búfalos hayan sido exterminados, cuando los caballos salvajes hayan sido domados, cuando los recónditos rincones de los bosques exhalen el olor a muchos hombres y cuando la vista hacia las verdes colinas esté cerrada por un enjambre de alambres parlantes. ¿Dónde está el espeso bosque? Desapareció. ¿Dónde está el águila? Desapareció. Así termina la vida y comienza la supervivencia….

Este texto público ha sido proporcionado por Accipiter.