Y la perdiz consiguió sacarlos adelante…

19 junio 2011

Un buen amigo me comentó que tenía avistado justo detrás de su casa un nido de perdiz algo especial.

Veréis, la puesta se había realizado en el único lugar posible para su supervivencia en dicho terreno, y eso, en absoluto, aseguraba que no cayesen en manos de cualquier depredador, tanto natural como urbanita, que hacen presencia diariamente en dicho lugar.

Por la izquierda, lindaba con un camino, por la derecha con la tierra arada recientemente y, lindando frontalmente, con la arena vertida por los camiones estos días atrás.

Ayer había quedado temprano con él, y decidimos ir a ver el nido, tras las grandes tormentas y las lluvias torrenciales, barajábamos dos opciones, o la pollada no había salido adelante o ya estarían devorando hormigas por el lindazo de malas hierbas.

Al llegar, sonó un pequeño ruido en señal de huida, dejándose ver para focalizar nuestra atención lejos del nido. Tras los cardos secos, varios huevos eclosionados, pollos y huevos todavía enteros. Dos fotos rapidísimas y en menos de 30 segundos habíamos salido del lugar… Ya habíamos molestado suficiente.

El futuro de esos pollos es incierto, pero una vez fuera del cascarón, posibilidades de sobrevivir tienen…


Buen día de caza entre podenqueros

15 diciembre 2010

Se remontaban meses atrás las invitaciones a campear, a salir de caza, pero hasta el miércoles pasado no tuve el placer de disfrutar una de las invitaciones que mi amigo, José Mariscal, me hacía cada vez que hablábamos vía telefónica.

Con mi padre y mis dos perros a cuestas, puse rumbo hacia el coto de José, limítrofe con Madrid, pero perteneciente a Guadalajara. La mañana prometía, y estaba seguro de que alguna pieza nos haría frente.

Al llegar, tanto mi amigo, como su compañero de caza, Toño, nos estaban esperando. Llegábamos unos minutos tarde. Tras los saludos pertinentes, yo me monté en el coche de José y partimos hacia su coto. Mi padre, nos seguía detrás con nuestro coche.

¡Qué buena pinta tenía el terreno! Yo ya lo conocía, era el mismo coto que cacé hace poco, dónde solté las codornices para que los cachorros espabilasen. Sé que había conejo, ya que cuando estuve, los perros no hacían otra cosa que irse tras ellos.

No tardaron en montar las escopetas, sacar  los perros y empezar a cazar. Pero menos aún tardaron las primeras piezas en dar la cara, un bando de perdices que Toño tiró algo lejos. Como buenos cazadores, comenzaron a acelerar el ritmo, ya que la mañana se había decantado por la pluma, al tener la suerte de sacarlas tan pronto. En el vaivén de la caza, Toño tuvo un percance, cayéndose encima de la escopeta y clavando el cañón de esta en el barro. Decidimos irnos hacia el coche, limpiar la escopeta y tomar el almuerzo.

Sin demorarnos mucho, pensamos en dar otra vuelta, esta vez,  algo más conejera pero sin perder a las perdices de vista. Los perros consiguieron mover algún que otro conejo, sobre todo, la perra veterana de José, Taracena, que volcó un conejo desde una ladera a otra, y que algunos perros aprovecharon para pegarle una carrera.

Nos estábamos decantando por los conejos, cuándo dos perdices dieron la cara, y el compañero de José pudo abatir una de ellas. Por fin, y tras cinco vuelos, se dejaban ver. José y yo, subimos la ladera para irnos definitivamente a por los conejos, cuando Romerales, el perro más experimentado de Toño salió tras un rastro, éste lo siguió y consiguió abatir la segunda perdiz.

Continuamos la mañana de forma menos acelerada, que es como se debe cazar el conejo, dejando trabajar a los perros. Se iban moviendo algunos, pero en un terreno tan duro como aquel, no había posibilidad de tirarlos.

Espeluznante, es el calificativo que se merece el lance que protagonizó la cachorra de seis meses, de nombre Fauna, al sacar un faisán de un chaparro. Poco le faltó para sucumbir ante la dentellada de la perra. ¡Qué bonito! ¡Cómo me gustó la perra!

Poco después, se abatió un conejo, que según narra mi padre, fue un lance precioso, pena no tener el placer de poder degustarlo. Toño, nos tuvo que dejar a media mañana, ya que tenía que trabajar, pero nosotros continuamos cazando en los barrancos, y, aunque no tuvimos suerte, disfrutamos con el trabajo de los perros.

Fue una mañana estupenda, y aunque hubo algún percance con mi perra, pudimos disfrutar del buen día de caza entre amigos, que esperemos, pronto podamos repetir. Las perras de José, me encantaron, sobre todo la cachorrita de talla chica que a pesar de ser la más pequeñaja, tiene más genio que ninguna.  ¡Gracias por el día que pasamos!